El niño que se desnudó delante de una webcamEl niño que se desnudó delante de una webcam

El niño que se desnudó delante de una webcam

ISBN 978-84-15070-53-5
237 páginas
Tapa blanda, 15 x 21 cm

Una novela impactante para lectores dispuestos a la sorpresa.

Lo que empieza como la confesión de una víctima infantil del abuso sexual por internet, acaba complicándose porque el narrador en primera persona no resulta ser tan inocente como dice ser.

Dave Timberthrileg cuenta su historia ante el comité senatorial de los Estados Unidos. Una vida desdichada en una familia disfuncional, la caída en las redes de pornografía infantil por internet, la historia de amor con una chica impedida que le recomienda leer a David Foster Wallace o una boda gay en Las Vegas son algunos de los elementos de una novela rebosante de sorpresas, bromas literarias y una capacidad narrativa sorprendente.

¿Por qué lo publicamos?

Es una propuesta narrativa poco corriente, y une a su atrevimiento y sabor nabokoviano en una lectura apasionante.

ISBN 978-84-15070-53-5
237 páginas
Tapa blanda, 15 x 21 cm

Un tema difícil tratado con atrevimiento, humor, simpatía y guiños literarios por doquier.

Jose Serralvo

(Jerez de la Frontera, 1984) es abogado y licenciado en administración de empresas. Ha trabajado en Naciones Unidas, en el despacho de abogados Garrigues y en la ONG Human Rights Watch. Actualmente es miembro del Comité Internacional de la Cruz Roja. Publicó su primera novela, Los elegidos en 2013.
Jose Serralvo
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«Según los rumores que circulaban por el barrio, mi padre era toxicómano desde los catorce años. Cuando vine al mundo, él trabajaba como asesino a sueldo, traficante de drogas a pequeña escala y sindicalista. Mi madre también tenía varias profesiones, pero la principal consistía precisamente en dar masajes a hombres gordos y viejos, seguramente también calvos, que se corrían sobre la camilla en la que yo vine al mundo. Me atrevo a decir antes Ustedes que, más que masajista, mi madre era prostituta. En casa también vivía mi abuela, que se paseaba por las calles de Chicago con un carrito de tela vendiendo estropajos, chupones de goma y otros utensilios de cocina de baja calidad. Mi abuela no tenía ningún tipo de limitación psicomotriz. Sin embargo, cuando se paseaba con su carrito de baratijas, fingía ser coja.»

El niño que se desnudó delante de una webcam
Jose Serralvo

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